Nuestra maltratada y escueta democracia

Es más que importante apreciar lo que se ha logrado a lo largo del tiempo para tener en cuenta que se puede retroceder en escalones cuando las cosas se hacen de mala manera, “así así no más”, o se deja las vías libres al arbitrio de las autoridades de turno. Los poderes fácticos juegan un papel preponderante en toda esta coyuntura que se vive en Paraguay. No es para menos, la pérdida de una vida humana, la destrucción parcial de un edificio Estatal, entre otras desagradables situaciones. ¿Qué es lo que da origen a estas situaciones?

Son las nociones de Poder y Derecho los ejes principales de la Filosofía Política y la Filosofía Jurídica respectivamente. Una está ligada a la otra de manera inexorable, por lo que es importante analizar y reflexionar de manera permanente sobre el nexo de estas dos cuestiones. Entre estas dos vertientes, la de la fuerza del poder político y la organización jurídica, se construye la historia y la vida de un país en sus aspectos económicos, sociales, culturales. 

El fanatismo, entendido como la obediencia ciega a una idea es un enemigo terrible para el progreso colectivo, y es usualmente un mal que atañe a la política criolla. El fanatismo debe ser erradicado de nuestro quehacer de manera eficaz si deseamos avanzar. El fanatismo puede estar relacionado o con la ignorancia, o con la creencia de una verdad o un sistema de verdades que una vez aceptadas ya no deben ponerse en discusión. En el contexto de la crisis política paraguaya, nos referimos al fanatismo hacia la idea que la fórmula de éxito y del progreso se encuentra exclusivamente en dos personas, que ya han ostentado el cargo de presidente de la República.

Días atrás, en una escueta carta dirigida a una autoridad de la iglesia católica, Horacio Cartas expresaba su “renuncia a la candidatura para el periodo 2018-2023”. ¿Renuncia? ¿Cómo es posible renunciar a un derecho inexistente? Es como condonar una deuda que no existe. Sin embargo, el plan para introducir por la vía de la enmienda (al margen de la Constitución, como explicaré más adelante), sigue en pie, ahora a través de la Cámara de Diputados. Además, ¿Por qué le carta fue dirigida a una autoridad eclesial en un Estado laico? Dicha renuncia, primero no tiene sentido alguno de fondo, y segundo no tiene validez de forma.

Un diputado de la facción Cartista comparó al Sr. Presidente con Jesucristo, diciendo que “ambos vinieron a traer la paz”. ¿Cómo puede traer la paz alguien que se contradice en sus declaraciones y lleva su ambición al punto intentar la reelección por una vía que va totalmente en contra de la Constitución? No se discute ni siquiera la gestión, podríamos hacer eso en otra ocasión, lo lamentable es el atropello a la Constitución Nacional, eje fundamental de la Democracia que llegó después de treinta y cinco años de censura y nulidad de Derechos Humanos.

Nuestra tan maltratada y escueta democracia podría esfumarse si no se toman las vías que corresponden. Y no solo me refiero a las personas que ostentan cargos electivos, sino también a la gente “común”, que toma por alto todo lo que pasa dando explicaciones como “no era para tanto, suele morir nomas luego gente en este tipo de acontecimientos”, tratando de quitar relevancia a la muerte de personas y el atropello al Estado de Derecho. Este tipo de pensamiento es verdaderamente peligroso.

Mal podría alguien argumentar crecimiento en infraestructura para justificar atropellos al orden constitucional. La vía de la enmienda no es la correcta para buscar introducir a la Constitución Nacional la reelección.

Se han visto en las redes sociales imágenes comparando la foto de un flaco robando una televisión con la de un viaducto que se inaugura, pero no se han visto fotos de políticos robando al pueblo, mintiendo de manera descarada, como si una obra de infraestructura justificara todo lo que ha ocurrido, y sigue ocurriendo en el Congreso de la Nación, ya con los ánimos más calmados en las calles. No es una cuestión personal con nadie, simplemente una comparación de lo que está pasando en nuestro país con lo que alguna vez pasó, en épocas pasadas, oscuras y tristes.

Opinar desde la política, hacer perder totalmente el camino a la "búsqueda de la verdad", y se pasa a buscar de la manera lo más "viva" posible los aspectos de la verdad que le convengan al partido, al movimiento, o al "líder guazú" en este caso. La Democracia no se puede analizar de manera tan vacía. No se agota en el hecho ir votar, y tener la mayoría. La democracia es un sistema de convivencia que va mucho más allá de eso. Tener la mayoría no da la razón, y las reglas de juego para la democracia están dadas. Se deben respetar

A los efectos de analizar la cuestión de fondo lógico-constitucional, paso a transcribir el artículo 290 de la Constitución "No se utilizará el procedimiento indicado de la enmienda, sino el de la reforma, para aquellas disposiciones que afecten el modo de elección, la composición, la duración de mandatos a las atribuciones de cualquiera de los poderes del Estado, o las disposiciones de los Capítulos I, II, III y IV del Título II, de la Parte I". Del artículo citado, se desprenden tres elementos que nos podrían llegar a interesar: "modo de elección - la composición - la duración de mandato".

 Lo que nos interesa en este caso es el elemento lógico "duración del mandato". Debemos tener en cuenta que la constitución es un cuerpo LEGAL y LÓGICO, y no hay orfandad en cuanto a esa expresión del artículo 290, porque está regulada taxativamente en otro artículo, el 229. Transcribamos el artículo 229: De la duración del mandato: "El Presidente de la República y el Vicepresidente durarán cinco años improrrogables en el ejercicio de sus funciones, a contar desde el quince de agosto siguiente a las elecciones. No podrán ser reelectos en ningún caso”. En suma, tenemos que, hablar de reelección por la vía de la enmienda, es modificar el artículo de "duración del mandato", y eso, está expresamente prohibido por la vía de la enmienda. El camino (si tanto se quiere la reelección, es la reforma. 

El Derecho desde un punto de vista científico, intenta por medio de diversas herramientas y ciencias auxiliares exponer su modelo de cómo debe ser el mundo, de cómo debe ser la sociedad. Tiene por fin inmediato establecer un sistema de convivencia (orden), y por fin último imponer sanciones ante la ruptura de aquel orden (justicia). El Derecho crea sistemas de normas, todas relacionadas entre sí en un orden jerárquico creado a su vez por el mismo. Ya lo había dicho Montesquieu en su obra monumental El Espíritu de las Leyes: La historia de cada nación es consecuencia suya, y que cada ley particular se ligaba con otra ley o dependía de otra más general.

En consecuencia, podemos concluir que el jurista estudia y analiza el Derecho alejado de las pasiones, la coyuntura y de cualquier impedimento que pueda tener para llegar a su objetivo: la verdad. Piensa el Derecho y el mundo intentando hallar soluciones creativas y eficaces para las distintas situaciones y problemas que va presentando el Derecho y las dudas que puedan surgir entre las normas, para poder así poder aportar a la ciencia jurídica y a la filosofía del Derecho.

El término política deriva del adjetivo polis, que, es decir, referente a las cuestiones de la ciudad (recordemos que en Grecia la organización política estaba divida en Ciudades-Estado). De esto inferimos que la política para nosotros es todo lo referente a las cuestiones del país, de los hilos que se deben manejar para llevarlo y su futuro colectivo.

La política si bien en su fachada persigue el bien común (en última instancia quizás lo haga realmente), también tiene como fin el monopolio del poder. Si es abordada desde la teleología, podemos observar que sus fines podrían llegar a ser varios, ya que existen diversos tipos de grupos sociales dentro del espectro social y estos se organizan de manera a perseguir sus propios objetivos dentro del escenario político. De esta manera se van formando los partidos políticos y las concertaciones.

Se puede dudar del interés real del político por mostrar la verdad en su entera magnitud. La etimología misma de la palabra partido (partire, o sea, dividir) nos hace pensar que lo que se busca es la facción de la verdad que le convenga al mismo en un determinado momento, ya sea por la disputa del poder, o por otras cuestiones de carácter coyuntural y pasajero. Esa facción podría perjudicar al mismo partido en otro momento, cambiada la situación.

Si permitimos que el poder político vaya por encima del Derecho, estamos ante la una bomba de tiempo, una bomba que podría explotar en cualquier momento y dejarnos en una incómoda situación de pérdida de lo que no se ha sabido apreciar y cuidar: la democracia.

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