La obsolescencia programada

Introducción

En la actualidad, las grandes corporaciones industriales diseñan productos con una fecha de caducidad predeterminada. Este hecho (e.g. que el producto cuente con una fecha de vencimiento conocida por el productor con anterioridad) estimula positivamente la demanda, ya que alienta a los consumidores a comprar de forma acelerada nuevos productos si desean renovar su utilización y permanecer a la vanguardia tecnológica.

Desde el punto de vista de las empresas que manufacturan dichos productos, los incentivos están a la vista: predeterminar el vencimiento de un determinado producto para inducir a que el consumidor los renueve periódicamente y con ello aumentar los ingresos y a su vez las ventas de la compañía. Sin embargo, esto también puede suponer cierto riesgo para las empresas que utilicen dichas prácticas.  No se puede descartar una reacción adversa por parte de los consumidores, haciendo que éstos opten por la competencia, luego de descubrir que el fabricante empeñaba sus esfuerzos en diseñar un producto cada vez más “desechable”. ¿Qué pensaría Usted si supiera que el producto que ha adquirido lo han programado sobre la base de una fecha de caducidad?

¿Qué es la obsolescencia?

La literatura moderna considera “obsolescencia programada” a la planificación de vida útil de un producto a fin de que el mismo se torne obsoleto, inútil o inservible luego de un periodo de tiempo calculado de antemano, durante la fase de diseño del producto. El origen de la obsolescencia programada data de la época de la Revolución Industrial, escenario poco propicio para el medio ambiente, en el cual marcaron tendencia las actividades industriales.

Primeros casos de obsolescencia  

Para comprender mejor el fenómeno de la obsolescencia, creemos oportuno remontarnos al año 1911, cuando se anunciaba la existencia de bombillas con una duración certificada de 2500 horas. Posteriormente, en 1924 los principales fabricantes pactaron limitar su vida útil a tan sólo 1000 horas. Dicha colusión entre competidores podría constituir una flagrante violación a las normas antimonopólicas vigentes.

Otro ejemplo de obsolescencia estuvo dado por las famosas medias de Nylon, que, en sus orígenes, eran tan fuertes que no se corrían. Hasta que su inventor, Dupont, decidió que eran “muy resistentes”, por lo que ordenó el diseño de una fibra más débil, que se desgastara más rápidamente.

Resulta claro que la obsolescencia fue utilizada en el pasado para estimular economías que se veían agolpadas por fuertes crisis financieras que a su vez buscaban aumentar el consumo. Más allá del hecho que buscaban el beneficio para estimular la economía, hasta hoy en día las industrias modifican el proceso de comercialización para ofrecer productos que el consumidor se vea obligado a sustituirlo en períodos de tiempo cada vez menores.

Casos recientes (Apple/oposición social)

Un caso relativamente reciente de obsolescencia se ha dado en el seno de Apple Computers con el I-Pod. En sus inicios, el afamado dispositivo contó con un diseño en donde su batería contaba con una vida útil sumamente corta. Ante esta situación, los usuarios se veían obligados a comprar una batería nueva, puesto que la que se encontraba instalada en el dispositivo ya no servía. Ahora bien, para gran sorpresa de los usuarios, la compañía no contaba con baterías alternativas o baterías de repuesto. El consumidor se veía de esta manera obligado a adquirir un nuevo producto.

Ante esta situación, varios grupos de usuarios empezaron a preguntarse si este hecho no constituía un típico caso de obsolescencia planificada. ¿Cómo es posible que la falta de repuestos no sea imputada a la propia compañía que fue responsable del diseño de éstas?  En este contexto, Apple fue objeto de varias acciones judiciales planteadas por grupos de consumidores. Apple se vio obligada a facilitar documentos técnicos acerca del diseño del iPod. El desenlace fue satisfactorio para los consumidores, ya que se estableció que se trató de un caso de obsolescencia planificada llevada a cabo de forma deliberada por la empresa.

Adecuación legislativa

En varias jurisdicciones, han surgidos propuestas de modificación legislativa a los efectos de tratar el fenómeno de la obsolescencia, esto debido al abuso desmedido de fabricantes y proveedores de servicios en general. Por ejemplo, Francia tomó duras medidas contra la obsolescencia programada, estableciendo penas privativas de libertad y multas de hasta 300.000 euros para las empresas que adopten este tipo de prácticas. En igual sentido, la Unión Europea dictó medidas exigiendo que los productos sean duraderos y reparables, so pena de sanciones.

Conclusión

En Paraguay, la “Ley de Defensa al Consumidor” reconoce el derecho del consumidor a obtener información sobre las características de los productos ofertados en el mercado. Ahora bien, no tenemos información que los consumidores paraguayos hayan planteado casos de obsolescencia.  A pesar de ello, podemos concluir que el efecto nocivo de estas prácticas afecta no sólo al consumidor sino también al medio ambiente. Puesto que acelera el proceso de degradación del planeta, convirtiéndolo en un basurero de electrodomésticos y dispositivos relacionados con la tecnología. Si bien en Paraguay existen instancias favorables para reclamar nuestros derechos, resulta de vital importancia difundir los mecanismos y herramientas que todo consumidor tiene a su alcance para hacer valer sus derechos. Probablemente se requiera de mayor protagonismo por parte del Gobierno Nacional, difundiendo a través de los medios de comunicación masiva esta valiosa herramienta que permite al ciudadano obtener justicia en menor tiempo. De igual forma cabe preguntarnos si ¿es posible pensar en una sociedad sin obsolescencia planificada?

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