Delitos sexuales contra niños: un problema de Einstein, Dalí y la relatividad del tiempo

Al día de hoy, continúa siendo un misterio el motivo de la inspiración del famoso cuadro surrealista “La persistencia de la memoria” - conocido también como “Los relojes blandos” – del afamado artista catalán Salvador Dalí. En el cuadro se observan tres relojes derretidos. Cada uno de ellos marca una hora distinta. Mientras que algunos sostienen que la inspiración de Dalí fue simplemente un queso camembert que acababa de degustar, otros dicen que se trataba de una respuesta a la teoría de la relatividad del tiempo de Albert Einstein.

¿Como se explica la relatividad del tiempo y qué relación guarda ésta con los niños y sus derechos? Hay minutos que parecen horas y horas que parecen minutos. No hace falta acudir a Einstein o a los relojes derretidos de Dalí para entender que la percepción del tiempo es relativa para cada ser humano.  Cuando éramos niños, las vacaciones de verano parecían nunca acabar. De adultos, el primer día de trabajo se hace eterno. Los días, semanas y meses se suceden a una velocidad sorprendente. Desechamos calendarios en un abrir y cerrar de ojos.  

Para Dalí el transcurso del tiempo tiene un costo. Y en materia legal es precisamente la prescripción del delito como consecuencia del transcurso del tiempo el principal costo para aquellos que buscan justicia luego de haber sido abusados sexualmente durante la niñez. El tiempo que transcurre mientras la víctima se hace mayor y va entendiendo su dolor, el tiempo que transcurre mientras ella desarrolla la confianza necesaria para finalmente denunciar aquel horrible episodio de su vida, para que nunca más vuelva a repetirse.

Un estudio llevado a cabo por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) reveló que una de cada cuatro víctimas de delitos sexuales nunca comunicó lo que le había ocurrido.  El temor a las consecuencias, la vergüenza, la impotencia o el miedo a las amenazas fueron seguramente algunas de las razones del silencio. Es decir, no se trata solo del hecho, sino de la forma de cómo éste se vive y se procesa psicológicamente. Es aquí donde debemos detenernos para entender que el tiempo es relativo y que cada niño que ha sido víctima de tal abuso tiene derecho al tiempo, a su propio tiempo.

El problema radica en que el tiempo no es un recurso ilimitado. Hoy, en nuestro país, la prescripción de delitos sexuales contra niños es de 3 años para los delitos más leves y 15 años para los más graves. El plazo de prescripción es distinto según cada caso.  Los delitos sexuales contra niños prescriben o, en otras palabras, se extinguen en 15 años, cuando el límite máximo de pena privativa de libertad sea de 15 años o más; en 3 años, cuando el límite máximo previsto sea de pena privativa de libertad de hasta 3 años o pena de multa o en un tiempo igual al máximo de la pena privativa de libertad en los demás casos. A diferencia de muchos países, el plazo empieza a correr desde que se produce el hecho y no desde que la víctima cumple la mayoría de edad.

Debemos tener en cuenta que cuando de delitos de abuso sexual se trata, las estadísticas nos muestran que la población más afectada son niñas, niños y adolescentes. Según datos de la Secretaría Nacional de la Niñez y la Adolescencia (SNNA), en el 2017 se registraron 1.267 casos de abuso sexual infantil y en la mayoría de los casos, estos delitos son cometidos por una persona conocida y del entorno familiar o social.

Es importante aclarar que, a los efectos legales, es considerado niño la persona menor a 14 años de edad. El Código Penal Paraguayo se refiere a los delitos de abuso sexual en niños en su Artículo N° 135.  La ley dispone que la persona que realiza actos sexuales con un niño o lo indujera a realizarlos en sí mismo o a terceros, será castigado con una pena privativa de libertad de hasta 3 años o con multa. Así también, que será castigado con la misma pena la persona que se realizara actos sexuales manifiestamente relevantes ante un niño y dirigidos a él, o lo indujera a realizarlos ante sí o ante terceros. En caso de que el agresor haya realizado el coito con la víctima la pena privativa de libertad será de 2 a 10 años.

Existen agravantes a las situaciones detalladas. Por ejemplo: si además de haberlo abusado, ha maltratado físicamente a la víctima en forma grave; si ha abusado de la víctima en diversas ocasiones; o si la víctima es su hijo biológico, adoptivo o hijastro, o cuya educación, tutela o guarda esté a su cargo.  En estos casos el agresor será castigado con pena privativa de libertad de hasta 6 años.

A modo de ejemplificar uno de los casos mencionados, si una persona fue abusada sexualmente en su niñez (ya sea a los 5, 10 o 13 años) y el agresor es parte de su entorno familiar, la víctima tiene derecho a denunciarlo y a promover una demanda contra este último hasta 5 años después. Luego de 5 años, el delito prescribe, es decir, se extingue la responsabilidad del agresor, por haberse cumplido el plazo legal previsto en el Código Penal. Esto genera la duda: ¿5 años son suficientes?

Ahora bien, esta situación pronto podría cambiar, ya que recientemente fue presentado ante el Congreso de la Nación un proyecto de ley que busca modificar el Código Penal -y, por ende, la Constitución Nacional- declarando imprescriptibles los delitos sexuales contra niños. En caso de que el proyecto se convierta en ley, Paraguay no será el primer país en tomar la decisión de no perdonar este tipo de delitos, pese al ineludible transcurso del tiempo.

En el año 2015, Argentina se convirtió en el primer país de Latinoamérica en el que los abusos sexuales contra menores de edad no prescriben. Argentina declaró la imprescriptibilidad de delitos de abuso sexual cuando la víctima es menor de edad, incluyendo además el delito por trata de personas. Un dato interesante de esta ley es que establece también la inhabilitación perpetua para ocupar cargos públicos de quienes, valiéndose de su cargo, perpetraron este tipo de abusos.

Sin ir más lejos, en julio de este año fue promulgada en Perú una ley que declara imprescriptibles delitos como la violación sexual, la trata de personas, la esclavitud y las ofensas al pudor público (como la pornografía infantil). En otras palabras, quienes cometan estos actos en Perú podrán ser perseguidos por la justicia hasta el fin de sus días. Una modificación resaltante además es que Perú ha eliminado también los beneficios penitenciarios –como la reducción de las penas– para los violadores sexuales.  

En Ecuador, fue el pueblo quien lo decidió.  En una reciente consulta popular se aprobó, con amplio margen a favor, la imprescriptibilidad de los delitos sexuales.  Consecuentemente fue modificada la constitución ecuatoriana para que nunca prescriban los delitos sexuales en contra de niños, niñas y adolescentes.

En Estados Unidos la situación es distinta en cada estado. En este país, los delitos de abusos sexuales a menores son imprescriptibles en 21 de los 50 estados. Otros han eliminado o alargado el plazo de prescripción en el caso de que haya sido contra menores de edad. Florida, Pensilvania, Minnesota, Delaware, Alaska y Maine son algunos de los estados que han alargado o eliminado el tiempo de prescripción en casos de delitos sexuales contra niños.

Reino Unido y Suiza se encuentran entre los demás países que respetan el derecho al tiempo. En Reino Unido, los delitos sexuales contra víctimas de cualquier edad (sean niños o no) no prescriben nunca y en Suiza se determinó que los delitos sexuales a menores no prescriban, siempre y cuando la víctima hubiese sido menor de 12 años en el momento en que ocurrió el hecho. Otros países que decidieron no perdonar este tipo de delitos son Irlanda, Canadá, Nueva Zelanda y Australia.

Sobran las razones para que el Paraguay deje de perdonar aquellos delitos sexuales contra niños y niñas y forme parte de la tendencia mundial de aquellos países que respetan el derecho al tiempo. Además, con la declaración de imprescriptibilidad se endurecería el marco jurídico penal paraguayo para los delitos sexuales y consecuentemente, se evitaría la impunidad que actualmente reina en nuestro país. Es importante recordar que las leyes no tienen efecto retroactivo. En otras palabras, no aplica a delitos que ya han sucedido en el pasado. Pero sí aplica a aquellos cometidos en el futuro, luego de la promulgación de la ley.

El hecho de que exista una iniciativa legislativa constituye un paso muy importante para el país y especialmente para aquellas víctimas de abuso sexual. Es un paso más para convertirnos en una sociedad donde la justicia sea la regla, y no la excepción; una sociedad donde las víctimas puedan denunciar los delitos, sin advertir el paso del tiempo como enemigo determinante. Castigar a la víctima de un delito sexual en la etapa de su niñez con una posible declaración de prescripción por el simple paso del tiempo sin haber denunciado el hecho no solo parece injusto, sino, sobre todo… intrínsecamente inmoral.

La inocencia interrumpida de cada niño no debería ser relativa como los relojes derretidos de Dalí ni las teorías de Einstein. Pero si tuviéramos que desechar calendarios en un abrir y cerrar de ojos, es el tiempo quien debería compensar a cada víctima con la posibilidad de denunciar su historia en cualquier etapa de su vida.

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