Créditos de carbono: una herramienta para la sostenibilidad

1. Introducción 

Desde la revolución industrial, la polución ambiental ha experimentado un crecimiento sostenido. La contaminación o polución implica la presencia de componentes exógenos nocivos (e.g. químicos, físicos o biológicos) en el entorno natural del ambiente, lo cual supone un perjuicio para los seres vivos. 

En materia ambiental, una de las áreas que ha adquirido muchísima notoriedad es el cambio climático. Éste, según el Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) se refiere a la variación del clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial, y a la variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables. El cambio climático se refleja en varias de sus consecuencias, como lo son el deshielo de los glaciares, el aumento del nivel del mar y los cambios en los parámetros de precipitaciones. Estas consecuencias se deben principalmente al aumento de las emisiones de los denominados gases de efecto invernadero (GEI), siendo uno de los principales el dióxido de carbono (CO2).  Se estima que 2/3 de las emisiones de CO2 se deben a la quema de combustibles fósiles (e.g. petróleo, gas y carbón) y el 1/3 restante se produce con motivo del denominado cambio en la utilización del suelo (e.g. deforestación). 

2. Herramientas regulatorias 

Por muchos años la política de regulación ambiental se ha valido de diversas herramientas para combatir la polución y el cambio climático. Entre otras, estas herramientas incluyen a la adopción de impuestos para gravar las externalidades producidas por los agentes contaminantes, el establecimiento de normas de mando y control (e.g. command & control, como se las conoce en la literatura anglosajona), y la utilización de instrumentos o medidas de mercado. Estas herramientas constituyen una evolución de la famosa teoría de Ronald Coase, para quien los impuestos no necesariamente generaban eficiencias en la distribución de los recursos.  Coase sostuvo que el propósito de la regulación ambiental no debería ser únicamente el de restringir la actividad que produce la externalidad, sino que se debería buscar maximizar el valor de la producción, lo cual podría lograrse a través de acuerdos entre particulares, si los costos transaccionales fuesen bajos. Ejemplos típicos de instrumentos o medidas de mercados lo constituyen el comercio de emisiones y los sistemas de compensación de carbono (e.g. carbon offsetting, como se lo conoce en inglés). En ambos los créditos o bonos de carbono desempeñan un rol trascendental. 

3. Créditos de carbono

Probablemente a más de uno le ha pasado que ha escuchado los términos “créditos de carbono” o “bonos de carbono”, sin saber exactamente a qué se refieren o a qué están relacionados. En pocas palabras, los créditos de carbono son herramientas económicas utilizadas en el desarrollo de políticas ambientales para lograr un determinado objetivo. Un crédito de carbono representa una tonelada de CO2 que se ha dejado de generar o que ha sido reducida. Como se ha mencionado, la generación de CO2 se da a través de personas o empresas cuando realizan actividades que requieren la utilización de recursos provenientes del uso de suelo o de sistemas de energía que a su vez dependen de la quema de combustibles fósiles. A esta generación de CO2 se la conoce como huella de carbono. 

Actualmente casi todas las industrias y/o empresas del mundo generan una huella de carbono. Estas emisiones ingresan a la atmósfera acelerando el cambio climático y sus consecuencias negativas. Los créditos de carbono poseen un valor en el mercado debido a que quienes emiten CO2 demandan comprar créditos de carbono para compensar su huella de carbono. Para los agentes contaminantes o aquellos actores que contribuyen al cambio climático les resulta menos oneroso lograr las reducciones de emisiones o disminuir la polución a través de la adquisición de certificados o créditos obtenidos de sectores más eficientes.  

La obligación de compensación ha tenido como base legal inicial el Protocolo de Kioto, el cual otorgó fuerza vinculante a la CMNUCC. El Protocolo de Kioto obliga a los países industrializados a limitar y reducir las emisiones GEI, siendo el principal de ellos el CO2, sin necesariamente afectar o restringir sus actividades productivas. Para tal efecto, el Protocolo de Kioto establece mecanismos de reducción de emisiones, entre ellos el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), el cual permite a los países desarrollados compensar sus emisiones a través de la implementación de proyectos en países en vías de desarrollo.  En el marco de los proyectos bajo el MDL, los certificados se denominan unidades certificadas de reducción de emisiones (CERs – por sus siglas en inglés)- otra variedad de los créditos de carbono. 

Los créditos de carbono pueden ser utilizados en el mercado regulado como el mercado voluntario.  Analicemos ambas alternativas. Por un lado, el mercado regulado es el que se establece por intermedio de normas específicas dentro de un ordenamiento jurídico determinado. Por ejemplo, el régimen de comercio de derechos emisión de la Unión Europea representa un caso típico de mercado regulado. En estos casos, como existen mayores requisitos y control regulatorio, el precio de los créditos de carbono es – por lo general - mayor. 

Por otro lado, en el mercado voluntario no existe una norma específica que requiera la adopción de una conducta especifica por el sujeto que busca reducir su huella de carbono. Dichos actores lo hacen como parte de su política de sostenibilidad, por presión de sus respectivos clientes o para mejorar su imagen reputacional. En el mercado voluntario los actores llevan adelante iniciativas para reducir las emisiones de CO2. Dichas iniciativas son luego verificadas por los certificadores internacionales de proyectos de carbono, o terceros contratados por éstos, a fin de constatar que, con motivo de la implementación de dichos proyectos, se obtenga “adicionalidad”. Ésta constituye uno de los criterios fundamentales de elegibilidad dentro de los requerimientos considerados en el  mercado de bonos de carbono. Se considera que existe adicionalidad cuando el proyecto conlleva a un nivel de emisiones de CO2 por debajo del nivel de emisiones de CO2 que hubiera existido en el escenario más probable si no se hubiera desarrollado dicho proyecto.  Una vez que el proyecto ha sido satisfactoriamente verificado, entidades internacionales especializadas (e.g. VERRA) proceden a la emisión de las Unidades Verificadas de Carbono (VCU – por sus siglas en inglés), las cuales pueden ser posteriormente comercializadas. En estos casos, el precio de los créditos de carbono es fijado en consideración a las leyes de la oferta y la demanda.

4. Los créditos de carbono en Paraguay

A la fecha, existen varios proyectos en Paraguay que participan en la generación de VCU. Por lo general, los créditos de carbono son generados por quienes realizan proyectos que evitan o reducen la emisión de CO2, como es el caso de quienes llevan adelante las denominadas iniciativas “REDD+” bajo el Programa de las Naciones Unidas para reducir las emisiones derivadas de la deforestación y degradación de los bosques.   Asimismo, existen otros proyectos de generación que se encuentran relacionados con la reforestación. El Paraguay, debido a su gran biodiversidad, presenta muchas oportunidades para la generación de créditos de carbono.

5. Conclusión 

Existen un sinnúmero de alternativas para combatir la polución y/u otros problemas medioambientales modernos como el cambio climático. La adopción de soluciones tradicionales - como lo son los impuestos - ya no son suficientes para un abordamiento cabal del tema. En los últimos años, los instrumentos o medidas de mercado han probado ser herramientas fundamentales en la implementación de una política ambiental con mayor alcance, más efectiva y mucho menos onerosa. Como ya lo ha demostrado la experiencia internacional, los créditos de carbono serán elementos fundamentales en la participación de los diversos actores en la lucha contra el cambio climático. En el caso específico del Paraguay, uno de los principales contribuyentes al cambio climático es, sin lugar a duda, la deforestación y el mercado de carbono es ciertamente una opción para paliar esta situación. Actualmente, numerosos inversores extranjeros  ven al Paraguay como una alternativa para llevar adelante proyectos que generen créditos de carbono para su posterior comercialización en el mercado internacional voluntario.  Esto acarreará consecuencias positivas, ya que inducirá incuestionablemente a una mayor inversión en sostenibilidad y contribuirá a la generación y fortalecimiento de una economía cada vez más verde.

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