| Salvador
Meden Peláez Ministro de la Embajada del Paraguay10:18
a.m. 22/03/2011
Sobre Paraguay ha habido siempre una pesada losa de
desconocimiento. Es un país ignoto internacionalmente
y no es raro que lo confundan con Uruguay, como si
fueran indistintos. Incluso, cuando en Suramérica
solo quedaban dos dictaduras militares, la de Chile
y Paraguay, el mundo condenaba a Pinochet y ese mismo
orbe ignoraba al general Stroessner, cuya brutal dictadura
era la más antigua del subcontinente y, aun
así, disfrutaba del amparo de la indiferencia
mundial. Revertir esta ignorancia internacional hacia
Paraguay es posiblemente uno de los mayores desafíos
que sigue afrontando el único país bilingue
de Iberoamérica. Pero el apagón informativo
que existe sobre el Paraguay es todavía más
injustificado en estos momentos, ya que el país
ha entrado en una espiral de auge económico
sin precedentes en toda su historia. Los medios de
comunicación de Latinoamérica, y ni
qué decir del mundo, no mencionan que, según
datos del FMI, en el 2010, el país con mayor
crecimiento del PIB de toda América fue Paraguay
con un impresionante 14,5% y que es el tercer país
con mayor incremento del PIB en todo el mundo, solo
superado por los riquísimos Estados de Catar
y Singapur.
Y podría pensarse que se trata de un espejismo
de las cifras macroeconómicas, que no produce
un derrame en los sectores más desfavorecidos
de la población; no debemos olvidar aquí
que el Paraguay tiene indicadores de pobreza y de
desigualdad aún muy altos. Sin embargo, los
datos sobre pobreza ubican al Paraguay como el campeón
latinoamericano en el porcentaje de población
que salió de la pobreza, con 2,2%, duplicando
el ya de por sí muy buen guarismo del 1% del
resto de América Latina.
El economista paraguayo Manuel Ferreira ha hecho comparaciones
ilustrativas, en las que señala que este país,
de apenas 6 millones de habitantes, ha producido en
2010 una cifra nunca antes alcanzada de granos, con
los que da de comer a más de 50 millones de
personas en el mundo; superó su propio récord
de exportación de carne, dando de alimentar
a más de 30 millones de seres humanos. Casi
cada ciudadano paraguayo tiene hoy día un teléfono;
los niveles de bancarización de la población
han subido a valores astronómicos, etcétera.
Y todo ello sin que el Paraguay produzca una sola
gota de petróleo. En fin, la lista de cifras
positivas es realmente apabullante. Y aun así,
los medios internacionales no salen de la inercia
de ningunear al mayor exportador de energía
eléctrica per cápita del mundo. Con
todos estos datos en mano, Paraguay no logra ser ejemplo
de nada. Estos “campeonatos”, por algún
motivo, no rentan informativamente como las victorias
futboleras de la selección paraguaya o los
atributos de “la novia del mundial”, la
paraguaya Larissa Riquelme. En una de las pocas excepciones
a este manto de silencio –al igual que el presente
artículo en La Nación de Costa Rica–,
la Revista de negocios colombiana Dinero.com ha publicado
recientemente un artículo titulado “Paraguay,
un diamante escondido”, donde trata de descifrar
el secreto del repentino milagro económico.
El país, con una de las capitales más
baratas del planeta, también ostenta, según
la CEPAL, la 2.ª deuda externa, respecto al PIB,
más baja de América Latina y el 2.°
déficit fiscal más bajo del subcontinente.
Es, pues, un suma y sigue virtuoso que asombra. El
Paraguay celebra este 2011 los fastos del Bicentenario
de su Independencia Nacional. Y lo hace de la mejor
manera posible: sabiendo que, sin superar todavía
un sinnúmero de deficiencias y lacras históricas,
ha despegado hacia un rumbo admirablemente positivo.
Queda por vencer, entonces, la mediterraneidad informativa
en que los medios internacionales insisten en cercar
al Paraguay.
Posiblemente, mientras tanto, debamos concitar la
atención mediática, recurriendo al dato,
proporcionado por la FIFA, que indica que el Paraguay
es el país más “futbolizado”
–o con mayor cantidad relativa de futbolistas–
de toda América.
Esto sí que es una noticia.
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